Wednesday, June 17, 2009

El alma de la nación y la vergüenza de Bagua

Comparto con ustedes un artículo del filósofo, profesor universitario y amigo Víctor Krebs. Victor es profesor asociado del Departamento de Humanidades en la PUCP. Obtuvo su doctorado en Filosofía por la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos. Ha publicado artículos y ensayos sobre la filosofía de Wittgenstein, la estética y la cultura en revistas especializadas.

Con el trágico enfrentamiento en Bagua la última semana, se han hecho evidentes fracturas profundas en nuestra identidad nacional evidenciadas cada día en las tensas réplicas desde los círculos de poder político y mediático, que simplemente han repetido, alarmantemente sin conciencia, las mismas causas de su explosión. El trauma colectivo que ha significado el evento ha ocasionado marchas y protestas en todos los niveles de la sociedad civil, que muestran que nuestra psique está despierta y que un sector generalizado mayormente de jóvenes, siente la necesidad de una mirada y actitud diferente de las que muestran quienes manejan nuestro destino nacional. Eso da esperanza dentro de la gravedad del síntoma que es Bagua y hace pensar en una oportunidad.

Es importante que lo reconozcamos: lo que estamos sufriendo con esta explosión social es un nuevo infarto del organismo y de la conciencia nacional, similar a aquel del que supuestamente "nos salvamos con las justas" con la elección de Alan García. Este es indudablemente un nuevo aviso, quizás el ultimatum, de aquel fantasma de nuestra psique nacional que se asomó hace apenas dos años. Nada quisieran más Chávez y sus secuaces, ya extendidos por todo el continente, que que ese fantasma nos posea para poder lograr así, desde la confusión y la división nacional, sus planes megalomaníacos de unificar el continente bajo su vengativa bandera "bolivariana".

Dentro de este escenario es necesaria una reflexión profunda, que empiece más acá de lo político, acerca del sentido que tienen estos sucesos para el alma de la nación. Solo así podremos empezar a forjar caminos que se ocupen de ella antes que de los intereses políticos y que nos aparten de las pasiones bajas que inevitablemente se activan por un complejo colectivo inconsciente como el que parece haberse activado nuevamente en nuestra Amazonía.

El patrón de la Conquista nos ha marcado tan profundamente que lo repetimos sin conciencia ni memoria. La ceguera del otro, la incapacidad de verlo por el espejo en que se han tornado nuestros ojos, trans-fijos en "el progreso". Esa experiencia traumática de nuestro origen nacional es un complejo que ya es necesario superar. La víctima segura de la codicia que posee al conquistador ha sido siempre la naturaleza y la humanidad; y ese desconocimiento está inserto, como una espina, en nuestra conciencia cultural. Es lo que se evidencia en la discusión de sordos que nos invade, en la prepotencia que ha suscitado este enfrentamiento, en la barbarie que se ha desatado.

Podremos dejar de repetir ese patrón solamente cuando empecemos a ver la fractura, palpitante como una herida abierta, en nuestra identidad, no como un obstáculo contra lo que hemos aprendido en nuestra cultura occidental a desear, sino como ocasión de transformarnos en la cultura que podemos descubrir juntos, desde nuestra rica y compleja diversidad. No se trata principalmente de una situación política, sino de una cuestión de Nación, de alma nacional.

Lo repito entonces: La tragedia de Bagua marca un momento traumático crucial para nuestra psique colectiva. Su salud y bienestar tiene que ser la prioridad del Estado, y somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de exigir que sea así. La ignorancia de esa prioridad, la negligencia política por el bienestar de la Nación de nuestro actual gobierno --tenemos que decirlo--, es lo que ha permitido que Evo Morales se haya podido dar el gusto --luego de semanas de vapuleos desacertados e histéricos contra nosotros--, de decir algo que sí mete el dedo en la llaga, al llamar a Bagua "el primer Genocidio del TLC".

Hasta que no empecemos a hablar y ver esto no como un fracaso político ni mucho menos como solo un obstáculo para intereses ya asumidos, sino como una oportunidad de transformación para una Nación trágicamente dividida, estaremos a la merced de los demagogos y de los mercenarios, que lo único que buscan es la venganza por injusticias pasadas y resentimientos que no conciben un nuevo comienzo sin destrucción y violencia, o la oportunidad para satisfacer sus ansias de poder, su soberbia o su codicia, que considera más importante imponer la autoridad que encontrar acuerdo y colaboración. Se perderá nuevamente la oportunidad, en otras palabras, de que el cambio ocurra en voluntades sanas y manos sensatas en vez de al son de los tambores de la locura.

2 comments:

Diego R. J. said...

No lo podría haber dicho mejor.

Jaime Del Castillo said...

Buen concepto: Genocidio del TLC